Mi interés por el Guernica de Pablo Picasso y su relación con diversos pintores y escultores vascos nace, naturalmente, de mi pasión por las artes. Pero también responde a una motivación más profunda: comprender cómo este episodio histórico y cultural ha marcado la memoria artística del País Vasco.
Como anfitrión de viajeros internacionales que se acercan a esta tierra con una genuina curiosidad cultural, considero esencial explorar no solo la obra de Picasso, sino también el diálogo que su pintura generó entre artistas vascos de distintas generaciones.
Con ese propósito he estudiado y seleccionado a aquellos creadores vascos cuyas trayectorias presentan alguna de estas tres conexiones con el Guernica:
- artistas que realizaron interpretaciones propias del bombardeo de Gernika-Lumo inspiradas por la obra de Picasso
- artistas en cuya obra puede percibirse una influencia directa del pintor malagueño
- o creadores que mantuvieron una relación personal o intelectual con Picasso y su entorno artístico
En la primera parte de este estudio abordé la relación de Picasso con tres pintores vascos: Francisco Iturrino, Gustavo de Maeztu y Jesús Olasagasti. Los tres mantuvieron vínculos cercanos con el artista malagueño durante las primeras décadas del siglo XX, aproximadamente entre 1901 y julio de 1936, en vísperas del estallido de la Guerra Civil Española.
Esta segunda parte se sitúa precisamente en el dramático contexto histórico que se abre con el golpe de Estado del 17 y 18 de julio de 1936 contra la Segunda República Española. El relato nos llevará hasta 1937, año en que se celebró la Exposición Internacional de París de 1937, donde el Guernica fue presentado por primera vez al mundo.
En la tercera parte de esta serie abordaremos las primeras interpretaciones artísticas del Guernica realizadas en el propio País Vasco entre 1938 y 1939. Los capítulos posteriores explorarán:
- la influencia del Guernica en la vanguardia de pintores y escultores vascos entre 1940 y 1975
- las obras creadas tras la muerte de Francisco Franco y el inicio de la democracia española hasta finales del siglo XX
- y finalmente, las reinterpretaciones contemporáneas que el siglo XXI ha aportado al panorama artístico vasco
Con este marco establecido, podemos adentrarnos en el contexto histórico que precedió a la creación de una de las obras más influyentes del arte del siglo XX.
Breve contexto histórico del País Vasco en 1936 y 1937
En febrero de 1936, la coalición política de las izquierdas conocida como Frente Popular obtuvo la victoria en las elecciones generales españolas. En el País Vasco, el Partido Nacionalista Vasco apoyó a las fuerzas republicanas con el objetivo de avanzar en la aprobación de un Estatuto de Autonomía.
Pocos meses después, el 17 y 18 de julio de 1936, una parte del ejército español —entre cuyos dirigentes se encontraba Francisco Franco— se sublevó contra el gobierno republicano, iniciando así la Guerra Civil Española.
De las tres provincias vascas, solo Álava se alineó mayoritariamente con los sublevados. Desde Pamplona se lanzó una ofensiva militar destinada a asegurar el control de la frontera con Francia mediante la toma de Irún. Aunque este objetivo fue finalmente alcanzado, la campaña inicial fracasó en su intento de consolidar el control sobre San Sebastián.
En septiembre de 1936, el presidente de la República, Manuel Azaña, encargó la formación de gobierno a Francisco Largo Caballero. Ante el avance de las tropas sublevadas hacia Madrid, el gobierno republicano trasladó su sede a Valencia. Ese mismo otoño, el fundador de la Falange Española, José Antonio Primo de Rivera, fue ejecutado en la prisión de Alicante.
El primer presidente del Gobierno Vasco
En Madrid, el nuevo Estatuto de Autonomía fue aprobado por las Cortes españolas el 1 de octubre de 1936. Y en País Vasco, pocos días después, el dirigente nacionalista José Antonio Aguirre tomó posesión como primer presidente del Gobierno Vasco en la Casa de Juntas de Gernica, bajo el histórico Árbol de Gernika.

Toma de posesión del primer Gobierno Vasco en 1936 en la Casa de Juntas de Guernica. Foto Deia.
Este lugar posee un profundo significado simbólico en la tradición política y social vasca. Desde la Edad Media, los señores de Vizcaya juraban allí respetar las leyes del territorio, los llamados fueros. Desde el Fuero Viejo de 1452, las Juntas Generales debían celebrarse literalmente “bajo el árbol”.
El significado simbólico del roble de Gernika se consolidó aún más en el siglo XIX gracias al célebre himno Gernikako Arbola, compuesto en 1851 por José María Iparraguirre, cuyos versos invitan a: “Eman ta zabal zazu munduan frutua” (extender su fruto por todo el mundo).
Con este trasfondo histórico y simbólico, Aguirre pronunció el juramento que inauguró el primer gobierno vasco de la historia contemporánea. Comprender este contexto es esencial para entender por qué la destrucción de Gernika en 1937 tuvo un impacto emocional tan profundo en la sociedad vasca.
Arrasar Vizcaya para tomar Bilbao
A finales de 1936, gran parte de las provincias vascas —especialmente amplias zonas de Álava y Guipúzcoa— estaban ya bajo control de las fuerzas sublevadas. Solo la provincia de Vizcaya permanecía mayoritariamente en manos republicanas. El Gobierno Vasco mantuvo su alineamiento a la República, y organizó la defensa y la gestión del territorio.
Durante varios meses el frente permaneció relativamente estable, hasta que en abril de 1937 comenzó una nueva ofensiva militar en el norte. El objetivo estratégico era claro: conquistar Bilbao y controlar su potente industria siderúrgica.
El 31 de marzo de 1937, la aviación italiana bombardeó las localidades de Durango y Elorrio. Era el inicio de la ofensiva sobre Vizcaya. Pocas semanas después, el 26 de abril de 1937, la ciudad de Gernika-Lumo fue destruida por un devastador bombardeo aéreo.
El periodista británico George Steer describió la tragedia en las páginas de The Times y The New York Times, señalando que la ciudad —centro simbólico de la tradición vasca— había sido arrasada durante más de tres horas por aviones alemanes:
Guernica, la ciudad más antigua de los vascos y el centro de su tradición cultural, fue completamente destruida ayer tarde por aviones bombarderos insurgentes. …. Guernica no era un objetivo militar, el objetivo del bombardeo fue aparentemente la desmoralización de la población civil y la destrucción de la cuna de la raza vasca[1].
Sus crónicas tuvieron una repercusión internacional inmediata. Por primera vez, el mundo contemplaba en los periódicos imágenes de una ciudad europea destruida desde el aire. En la edición parisina del jueves 29 de abril de 1937, el periódico Le Petit Journal informa por segundo día consecutivo sobre los bombardeos y ametrallamientos en Guernica dentro de la campaña por la toma de Bilbao. Y más abajo anuncia la inminente inauguración de la Expo de Paris:

Le Petit Journal. 29 de abril 1937. Biblioteca Nacional de Francia
El impacto emocional y político fue enorme. Entre quienes recibieron aquellas noticias en París se encontraba Pablo Picasso. El 1 de mayo de 1937, tras participar en una manifestación popular en la capital francesa, el pintor comenzó los primeros bocetos de la obra que transformaría aquel episodio en uno de los símbolos universales contra la guerra.
El arte ante la Exposición Internacional de París de 1937
La vida cultural de la España republicana no se detuvo mientras, en paralelo, se desarrollaban los acontecimientos políticos, militares y sociales de 1936 y 1937. Muy al contrario: el intenso ambiente cultural que vivían muchas ciudades españolas se convirtió también en un elemento cada vez más influyente en los ámbitos político, social y simbólico de la época.
Algunos apuntes sobre el ambiente cultural español y vasco en 1936
A comienzos de 1936, las ciudades de Barcelona, Bilbao y Madrid organizaron la primera exposición unipersonal en España dedicada a Pablo Picasso, promovida por la organización cultural ADLAN (Amics de l’Art Nou).
En Bilbao, entre el 19 y el 25 de febrero de 1936, la recién inaugurada galería Casa Arte, situada en la Gran Vía, expuso 24 obras del pintor malagueño realizadas entre 1908 y 1935. Picasso era ya entonces un artista reconocido y admirado internacionalmente, y las ciudades españolas con mayor dinamismo cultural aspiraban a situarse a la altura de ese reconocimiento.
España había recibido el 22 de diciembre de 1934 la invitación para participar en la Exposition Internationale des Arts et des Techniques dans la Vie Moderne, que se celebraría en París entre el 25 de mayo y el 25 de noviembre de 1937. Sin embargo, la preparación de la participación española atravesó diversas dificultades. Algunas regiones —como Baleares, Cataluña, Castilla o el País Vasco— solicitaron pabellones propios, lo que diluyó inicialmente el interés por una representación unificada.
Finalmente, el 28 de abril de 1936 —casi exactamente un año antes del bombardeo de Gernika— el Ministerio de Industria y Comercio aprobó oficialmente la participación española. Con el estallido de la Guerra Civil pocos meses después, el proyecto volvió a perder impulso, al tener que concentrarse los recursos del país en el esfuerzo bélico.
Curiosamente, apenas unas semanas antes del inicio de la guerra, entre el 22 de mayo y el 10 de junio de 1936, se celebró en París la Exposition de Peinture Basque. Participaron algunos de los pintores vascos más destacados del primer tercio del siglo XX: Bienabe Artía, Juan de Aranoa, Aurelio Arteta, los hermanos Arrúe, Benito Barrueta, Antonio de Guezala, Isidoro Guinea, Víctor Landeta, Julián de Tellaeche, José María de Ucelay e Ignacio Zuloaga. Algunos de ellos verían posteriormente el Guernica y a Picasso en la exposición parisina de 1937, bien como visitantes o bien participando en la misma muestra.
Mientras tanto, el pintor Manuel Losada, director del Museo de Bellas Artes y del Museo de Arte Moderno de Bilbao, mantuvo ambos centros abiertos hasta que la ciudad sufrió su primer bombardeo, los días 25 y 26 de septiembre de 1936. El periodista británico George L. Steer relató aquellos acontecimientos en varios periódicos internacionales:
“Cumpliendo su amenaza, ayer los facciosos enviaron sobre Bilbao su aviación mercenaria… Bilbao no es una plaza sitiada. El frente de batalla se encuentra a muchos kilómetros de nuestra villa. El bombardeo no iba encaminado a la rendición de una plaza asediada, sino a sembrar el terror y a derramar sangre de personas que no han intervenido en la lucha”[2].
El primer Gobierno Vasco: impulsor y protector del patrimonio
En paralelo a estos acontecimientos, el Gobierno español nombró el 19 de septiembre de 1936 a Pablo Picasso director del Museo del Prado, cargo que el artista nunca llegó a asumir formalmente.
Poco después, en octubre de 1936, se constituyó en Bilbao el Gobierno Provisional de Euzkadi. Gracias al Estatuto de Autonomía, esta nueva institución tenía competencias directas sobre el patrimonio cultural vasco, lo que llevó a la creación del Departamento de Justicia y Cultura.
Su responsable, Jesús María de Leizaola, nombró a finales de octubre al pintor vasco José María Ucelay como Director General de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas. Colaboraron con él diversos artistas vascos, entre ellos Julián de Tellaeche, Antonio de Guezala, John Zabalo y Mauricio Flores Kaperotxipi.
Una de las primeras iniciativas del departamento —junto con las políticas educativas— fue inventariar y salvaguardar el mayor número posible de obras del patrimonio histórico-cultural de las tres provincias vascas.
Las obras que no pudieron trasladarse fueron protegidas in situ, mientras que muchas otras se almacenaron en el Depósito Franco del Muelle de Uribitarte en Bilbao. También se utilizaron temporalmente varias residencias del barrio de Las Arenas (Getxo) como depósitos de emergencia, y se reforzaron las medidas de protección de los museos frente a los bombardeos.
En diciembre de 1936, la sede del Gobierno Vasco instalada en el Hotel Carlton fue decorada con 38 pinturas procedentes de diversos museos y colecciones públicas. Entre ellas destacaban:
- La boda de Aránzazu (copia), del pintor alavés Francisco de Mendieta, del Museo Arqueológico
- Besamanos de la Jura de los Fueros en 1474 por el Rey Fernando el Católico (1609), también de Mendieta, del Bellas Artes de Bilbao
- Diversas obras procedentes del Museo de Arte Moderno de Bilbao, con piezas de José Arrúe, Ricardo Arrúe, Juan de Echevarría, Darío de Regoyos, Julián de Tellaeche o Valentín de Zubiaurre.
Una conocida fotografía de febrero de 1937 muestra al lehendakari José Antonio Aguirre en su despacho del Hotel Carlton con el cuadro Mujeres de la costa (c.1922) de Julián de Tellaeche al fondo[3].

Negativo de Aguirre en su despacho del Hotel Carlton con Mujeres de la Costa de Tellaeche (c.1922)
El arte y la cultura como arma de propaganda republicana
A finales de 1936, el escritor y embajador español en París Luis Araquistáin escribió a su ministro defendiendo la participación española en la exposición:
“Parece conveniente participar en la exposición y dar inmediatamente los pasos necesarios para ello, dando así la sensación de seguridad y de que el Gobierno sigue trabajando en cosas de este tipo. En el peor de los casos, y si no fuera fácil que participasen expositores privados, sería siempre posible hacer un pabellón poco costoso, pero decoroso, y exponer las obras de arte, propaganda, etc.”[4].
La idea consistía en crear un Pabellón Español que transmitiera una imagen de normalidad institucional, que sirviera de plataforma de propaganda contra la guerra y que mostrara al mundo la riqueza cultural de España. La república necesitaba apoyos, pues Europa le estaba dando la espalda. Como dato curioso, Araquistáin es un apellido vasco, pues su padre era oriundo de Elgóibar (Gipuzkoa).
La iniciativa generó diversos cambios en la organización del proyecto. Entre los intelectuales seleccionados figuraban José Gaos como comisario general, José Bergamín como vice-comisario, Josep Renau como director general de Bellas Artes, Max Aub como agregado cultural y el escritor bilbaíno Juan Larrea como responsable de la agencia de noticias.
A ellos se sumaron algunas de las figuras más destacadas de la vanguardia artística española vinculada a la causa republicana: el cineasta Luis Buñuel, los escultores Alberto Sánchez y Julio González, el pintor Joan Miró y, poco después, Pablo Picasso.
El propio Araquistáin colocó la primera piedra del pabellón español en París el 27 de febrero de 1937. Durante el acto pronunció unas palabras que reflejan bien el espíritu del proyecto:
“Para la España Republicana la guerra sólo es un accidente, un mal impuesto y transitorio que no le impide continuar creando obras espirituales y materiales. Precisamente por eso lucha: por ser libre en la creación intelectual, en la justicia social y en la prosperidad material”.
El arte vasco se prepara para la exposición universal de París
Mientras se colocaba la primera piedra del pabellón español, el consejero vasco Jesús María de Leizaola nombró en febrero de 1937 a José María Ucelay comisario de la Comisión Vasca, creada para organizar la Sección Vasca dentro del pabellón español.
La comisión se dividió en diversas áreas: Cultura y Bellas Artes, Asociación de Artistas Vascos, e Industria, Actividad Social y Agricultura.
Entre sus miembros figuraban artistas como Julián de Tellaeche, Antonio de Guezala, Jesús Uruñuela, el ilustrador John Zabalo, los escultores Higinio de Basterra y Vicente Larrea, el arquitecto Tomás Bilbao y el archivero Juan Irigoyen.
Paralelamente, en marzo de 1937 Leizaola encargó al coreógrafo Segundo Olaeta que su grupo infantil de danzas Elai Alai, originario de Gernika, actuara en el pabellón republicano de la exposición. Tras el bombardeo de la ciudad, el grupo iniciaría una gira por varios países europeos, donde fue recibido con entusiasmo por personalidades como el cardenal Verdier.
Tres días antes del bombardeo de Gernika, el 23 de abril de 1937, José María Ucelay partió hacia París. El 19 de mayo fue presentado oficialmente como comisario de la Sección Vasca del pabellón español.
Ante la posibilidad de la caída de Bilbao, el Gobierno de Euzkadi decidió enviar numerosas obras de arte bajo su custodia al puerto francés de La Rochelle, junto con fondos bancarios y diversos archivos culturales. Solo la sección de pintura y escultura antigua permaneció bajo la custodia de Manuel Losada en el depósito de Uribitarte.
Las llamas de Guernica iluminan el conflicto español al mundo
El 27 de abril de 1937, al día siguiente del bombardeo de Guernica, el lehendakari Aguirre declaró por Radio Bilbao:
“Los aviadores alemanes al servicio de los rebeldes españoles han bombardeado Guernica, quemando la ciudad histórica que es tenida en tal veneración por todos los vascos…santuario que registra los siglos de nuestra libertad y nuestra democracia.»
La noticia se difundió rápidamente por Europa. Ese mismo día, durante una manifestación por los derechos humanos celebrada en París, muchos ciudadanos conocieron por primera vez la tragedia ocurrida en la villa vasca.
Según una conocida —aunque discutida— anécdota narrada por Ucelay, al salir del metro en los Campos Elíseos se encontró casualmente con Juan Larrea, a quien relató los hechos. Larrea acudió entonces a informar a Picasso y le animó a utilizar la tragedia como tema para el mural que el artista preparaba para el pabellón español.
Más allá de la exactitud de esta historia, lo cierto es que el impacto internacional del bombardeo fue inmediato. Picasso, profundamente afectado por las noticias que llegaban desde España, encontró en aquel acontecimiento el detonante creativo para una de las obras más influyentes del arte del siglo XX: Guernica.
En mayo de 1937, el propio artista declararía:
“La guerra de España es la batalla presentada por la reacción contra el pueblo, contra la libertad… En el mural en que estoy trabajando, que titularé Guernica, expreso con claridad mi odio hacia la casta militar que ha hecho naufragar España en un océano de dolor y de muerte”.
El arte vasco y el Guernica de Picasso viajan a la exposición de París
El pintor vasco Julián de Tellaeche, subcomisario de la comisión vasca, fue el encargado de seleccionar las obras que representarían al arte vasco en la exposición. Eligió artistas desde finales del siglo XIX hasta los contemporáneos activos en aquel momento, muchos de ellos miembros de la Asociación de Artistas Vascos. Entre las corrientes representadas había impresionismo, fauvismo, costumbrismo y realismo social. La lista final incluyó 48 pintores y 8 escultores.
Con la ayuda del pintor Kaperotxipi, Tellaeche embaló y preparó las obras para su traslado a París. Desde comienzos de mayo de 1937 —precisamente cuando Picasso empezaba a pintar el Guernica— y hasta mediados de junio, numerosas piezas partieron hacia diferentes puertos franceses.
Junto a ellas viajaron también otras obras destinadas a su protección, algunas de ellas de Francisco de Goya, además de fondos documentales, damasquinados de Éibar y diversos archivos institucionales.
El 12 de junio de 1937, el arte vasco entró oficialmente en el pabellón español de la exposición de París, acompañado por Julián de Tellaeche. Pocos días después lo haría Picasso con el Guernica.
Como escribiría décadas más tarde el crítico de arte John Berger:
“Lo que pintó fueron sus propios sufrimientos al recibir cada día las noticias de su país”.
Arte y cultura vasca en la Exposición Universal de París de 1937
La Exposición Internacional de Artes y Técnicas de la Vida Moderna, celebrada en París en 1937, fue mucho más que un gran escaparate del progreso. Durante los seis meses que permaneció abierta, el visitante podía percibir con claridad la tensión que atravesaba el mundo.
En sus pabellones convivían —con una cercanía casi incómoda— las potencias totalitarias emergentes y las democracias amenazadas: la Alemania nazi, la Italia fascista, la Unión Soviética, la República española… El conflicto ideológico que pronto desembocaría en la Segunda Guerra Mundial se hacía visible en cada espacio expositivo.
La Guerra Civil española, iniciada apenas un año antes, se convirtió en uno de los símbolos más evidentes de aquel tiempo convulso. Y ninguna obra logró expresar con tanta intensidad ese drama como el Guernica, de Pablo Picasso.
Las bellas artes españolas en el pabellón de la República
El 12 de julio de 1937, diecinueve días después de inaugurarse la exposición universal, abrió finalmente sus puertas el pabellón de la República española.
El esfuerzo realizado para su construcción había sido extraordinario, teniendo en cuenta las dificultades logísticas y económicas de un país en plena guerra. A pesar de su sencillez arquitectónica, el pabellón español terminó convirtiéndose en uno de los más visitados y recordados de toda la exposición.
Sin duda, la presencia del Guernica contribuyó decisivamente a su notoriedad. Pero el éxito del pabellón se debió también a un conjunto excepcional de creadores y propuestas culturales. Según el Ministerio de Cultura de España, el pabellón destacó:
«…por la espléndida labor de los arquitectos Luis Lacasa y José Luis Sert; por la participación de algunos de los artistas más importantes del momento, Picasso, Miró, Julio González, Calder, Alberto Sánchez, etc.; por su original y moderna utilización de un medio que entonces comenzaba, el fotomontaje; por su capacidad de propaganda; por la perfecta fusión, en fin de un conjunto tan dispar de materias a exponer que iba desde las artes plásticas a las publicaciones, pasando por la exhibición de mercurio, las artes populares, información económico-social y bélica, teatro, cine, canto, danzas, poesía etc.[5]
La exposición reunía un amplio abanico de expresiones culturales: artes plásticas, publicaciones, teatro, cine, música, danza, literatura, artes populares e incluso información social, económica y bélica sobre la España republicana.

«Madrid 1937 (Aviones negros)». Horacio Ferrer.
Entre las obras españolas más destacadas se encontraban:
- Guernica, de Pablo Picasso
- el mural El segador, también conocido como El payés catalán en rebeldía, de Joan Miró
- Madrid 1937 (Aviones negros), de Horacio Ferrer
- y la monumental escultura El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella, de Alberto Sánchez, situada a la entrada del pabellón.
Curiosamente, según testimonios de la época, la escultura de Alberto Sánchez causó una impresión inmediata entre el público. El propio comisario del pabellón, José Gaos, señalaba en una carta que aquella obra había sido “el éxito más general del pabellón”.
Vista general del pabellón de España en la Exposición Internacional de París. A la derecha, la escultura El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella, de Alberto Sánchez. Foto: Centro Documental de la Memoria Histórica.
El Guernica, aunque impactante desde el primer momento, aún no había alcanzado la dimensión simbólica universal que adquiriría con el paso de las décadas.
La Sección Vasca del pabellón español
Dentro del pabellón republicano, el País Vasco contó con una presencia específica que reflejaba tanto su identidad cultural como el drama político que vivía el territorio en aquel momento.
La Sección Euskadi estaba compuesta por dos grandes fotomontajes diseñados por José Renau.
En el primero aparecía un gudari (guerrero o soldado) armado junto a un mapa del País Vasco, acompañado por un poema de Paul Éluard titulado La victoire de Guernica. El mensaje evocaba la resistencia de un pueblo antiguo frente a la adversidad.

Fotomontajes de José Renau en la Sección Euzkadi (País Vasco) del Pabellón de España en la Expo Paris 1937 (Fotos del Museo Centro de Arte Reina Sofía).
El segundo panel establecía un poderoso contraste visual. En una de sus imágenes aparece el Árbol de Gernika, símbolo histórico de las libertades vascas y lugar donde los reyes de Castilla juraban respetar los fueros. La leyenda lo describe como “símbolo de la democracia del pueblo vasco”. La imagen opuesta mostraba las ruinas de la ciudad tras el bombardeo.
El contraste entre ambas escenas expresaba una idea poderosa: la destrucción de Guernica como ataque no solo a una ciudad, sino a la identidad política y ancestral de un pueblo.
La Sección de Artistas Vasco en la exposición de París
La sección de artes plásticas vinculada al País Vasco, en otra ubicación del pabellón, reunió una notable representación de creadores de Euzkadi. Las obras procedían principalmente de dos instituciones:
- el Museo de Arte Contemporáneo de Bilbao
- el Hotel Carlton de Bilbao, donde se encontraba la sede del Gobierno de Euzkadi durante la guerra.
Según la documentación del Centro Documental de la Memoria Histórica, la selección incluía obras de 48 pintores y 8 escultores vascos. Entre los artistas más destacados se encontraban:
- Aurelio Arteta
- Darío de Regoyos
- Ramón de Zubiaurre
- José Arrúe
- Bernardino Bienabe Artía
- Julián de Tellaeche
- Francisco Iturrino
- Jesús Olasagasti
De Iturrino y Olasagati comentamos, en la primera parte de este estudio, sobre su obra y relación con Picasso.
En total, alrededor de 17 obras llegaron a exhibirse finalmente en la muestra universal de 1937. Estas pinturas representaban escenas profundamente vinculadas al imaginario vasco: paisajes costeros, labores agrícolas, tradiciones populares, escenas marineras o celebraciones festivas.
Entre ellas figuraban obras como:
- Pescadores vascos y Layadores o Idilio rústico, de Aurelio Arteta
- Romería vasca, de José Arrúe
- Puente de Ondárroa, de José Benito Bikandi
- El grumete blanco y Veleros, de Julián de Tellaeche
- Por las víctimas del mar, de Valentín de Zubiaurre
- o Santa Lucía, Durango, de Darío de Regoyos.
Hoy sabemos que once de estas obras forman parte de la colección del Museo de Bellas Artes de Bilbao. 9 de ellas son catalogadas por este museo como expuestas en la Exposición de París de 1937:

Pescadores vascos de Aurelio Arteta, c. 1930-1935.

Layadores o Idilio rústico de Aurelio Arteta. c. 1930-35.

Santa Lucía, Durango de Darío de Regoyos, 1907.

Romería vasca de José Arrúe. 1921.

Puente de Ondárroa de José Benito Bikandi, c 1925.

Florero de Juan de Echevarría, c.1912.

El grumete blanco de Julián de Tellaeche. c. 1922-1924.

Veleros de Julián de Tellaeche. Primera mitad siglo XX.

Por las víctimas del mar de Valentín de Zubiaurre, 1914.

El Urumea de Darío de Regoyos, 1904.

Retrato de un hombre leyendo de Bernardino Bienabe Artía, 1934.
Recordad que las últimas dos pinturas mostradas no están catalogadas como expuesta en la exposición, de las 11 obras que están en el Bellas Artes de Bilbao.
Darío de Regoyos y Bernardino Bienabe: detalles de su obra y participación
Entre todos los artistas representados, Darío de Regoyos ocupó una posición singular. Fue el único pintor que pudo mostrar tres obras en la exposición: El Urumea, Monte La Rhune y Santa Lucía.

Monte La Rhune de Darío de Regoyos, 1886.
Este hecho resulta especialmente llamativo si se considera el reducido espacio de la sección vasca y la gran cantidad de obras disponibles. En aquellos años, Regoyos era considerado uno de los pintores más reconocidos del panorama español, incluso más que figuras tan conocidas como el pintor vasco Ignacio Zuloaga o el valenciano Joaquín Sorolla. La ausencia de Zuloaga o Gustavo de Maeztu, ambos amigos de Picasso en una período dado, en la selección ha sido interpretada por varios historiadores como consecuencia de sus afinidades políticas con el bando sublevado.
Regoyos fue un artista consagrado e imprescindible para los artistas jóvenes como Picasso, en los finales del XIX e inicios del XX. La melancólica y tristona Época azul de Picasso podría recordarnos la España Negra de la que Regoyos era integrante. Regoyos es un impresionista particular que trabaja mucho la luz y los paisajes, Picasso en cambio es más versátil en sus temas y creador de nuevas formas de mirar y pintar.
Bienabe, por su parte, también se relacionó con Picasso en París y vivó las libertades técnicas de la vanguardia francesa. Picasso trabajó mucho la identidad española, y Bienabe la de su tierra natal: Euzkadi. Ambos a través de figuras populares y tipología de humanos.
Con Regoyos, el pintor Bienabe comparte más temas afines: el uso del paisaje vasco y de otros lugares por sus espíritus viajeros, el interés por la luz, y el impresionismo. Regoyos con más peso en el impresionismo moderno y el expresionismo simbolista, y Bienabe más post-impresionista y fauvista.
Escultura, artesanía y otras expresiones culturales vascas expuestas
La documentación existente no permite confirmar con certeza si alguna escultura vasca llegó finalmente a exponerse dentro del pabellón. Las imágenes conservadas muestran sobre todo obras escultóricas de Picasso, Alberto Sánchez, Julio González o Alexander Calder.
Sin embargo, el País Vasco sí estuvo representado en otros ámbitos culturales. El comisario José Gaos menciona la presencia de artesanos de Éibar en la sección dedicada a la artesanía y a las manifestaciones escénicas del patio central. Allí también existía un pequeño café regentado por el vasco Antonio Rementeria, situado a escasos metros del Guernica.
La representación cultural vasca incluía además:
- trabajos de la Escuela de Armería de Éibar
- exposiciones sobre agricultura y pesca
- muestras de juegos tradicionales como la pelota vasca
- y diversas manifestaciones artísticas.
Entre ellas figuraban representaciones teatrales, la ópera Amaya, espectáculos de folklore y actuaciones de espatadantzaris o coros infantiles. Incluso el cine vasco tuvo presencia con producciones como El pueblo más viejo de Europa. El estado más joven de Europa.
Un contexto histórico dramático
Mientras la exposición permanecía abierta en París, los acontecimientos se sucedían rápidamente en España.
En junio de 1937, pocos días después de que Picasso terminara el Guernica, murió en un accidente aéreo el general Emilio Mola, uno de los principales ideólogos del levantamiento militar.
En el País Vasco, las batallas se acercaban a Bilbao. Entre el 16 y el 19 de junio se libraron combates decisivos en los montes de Monte Artxanda, a las puertas de la ciudad. Finalmente Bilbao cayó en manos del ejército franquista el 19 de junio de 1937.
El lehendakari José Antonio Aguirre partió poco después hacia el exilio.
Mientras tanto, en el ámbito internacional, intelectuales y artistas seguían con atención la guerra española. El escritor Ernest Hemingway, recién llegado del frente, denunció en Nueva York los bombardeos contra ciudades como Madrid, Bilbao o Guernica.
El conflicto español se había convertido ya en el preludio de una guerra mucho mayor.
[1] STEER, George, “The Tragedy of Guernica. Town Destroyed in Air Attack”, The Times, 28 de abril de 1937. STEER, George, “Historic Basque Town Wiped Out”, The New York Times, 28 de abril de 1937. Nota: la traducción es del autor.
[2] Fuentes. SSGCS, AGALBI, El Liberal, El Noticiero Bilbaíno, Euzkadi, La Gaceta del Norte, George L. Steer
[3] © Estate of Chim (David Seymur)/ Magnum Photos/ Courtesy ICP/ www.davidseymur.com
[4] Guernica – Legado Picasso. Ministerio de Cultura. Dirección General de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas
[5] Alix, J.: Pabellón Español: Exposición Internacional de Paris, 1937. Ministerio de Cultura. Madrid. 1987. p.7

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